¿Deberíamos dejar de pedir besos a los niños?

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¿Deberíamos dejar de pedir besos a los niños?

Captura de pantalla 2015-03-04 a las 16.06.02Un artículo de una madre ‘harta’ de que pidan besos a su hija se viraliza en Internet. Su autora y una psicóloga especialista en inteligencia emocional nos dan su opinión. 

 

 

Por favor, no le pidan besos a mis hijos.

Con este contundente titular la periodista y escritora colombiana Ana Hanssen reabría hace unos días el debate sobre si es lícito o no obligar a que los niños repartan besos a diestro y siniestro aunque ni siquiera conozcan a quien les reclama la carantoña. El artículo, que fue publicado el pasado viernes en la web especializada en información para padres y madres BabyCenter, se ha compartido casi 562.000 veces y ha generado más de 650 opiniones en todas direcciones.

“De camino a la librería, mi hija y yo nos encontramos con una amiga que iba con un grupo de chicas, todas desconocidas para mí. Al saludarnos, nos presentó a sus amigas y una de ellas, muy decidida, cogió la mano de mi hija y le dijo como dándole una orden: ‘¿Me das un beso?’. Mi amiga, al notar que mi hija no quería, también la quiso obligar con ‘sí, ¡dale un beso!’. Entonces yo intervine: Lo siento, pero ella no le da besos a personas que no conoce”. Esta fue la anécdota que la impulsó a reflexionar sobre si los padres deben permitir que un extraño ‘exija’ un beso a su hijo y de si estaría igual de normalizado socialmente si estas muestras de afecto se solicitasen a un adulto.

Su opinión es tajante: “No me caen bien los adultos que se refieren de forma condescendiente a los niños. Tampoco los que consideran que les tienen que hacer caso por el hecho de ser mayores. Y me caen mucho peor los que se creen con derecho a pedirles que hagan cosas que van en contra de sus deseos y sus afectos”, sentencia la periodista en su texto. Por correo electrónico, Hanssen aclara cómo está gestionando el revuelo que han provocado sus palabras: “Jamás pensé que el post tendría tanta repercusión. Decidí hablar sobre el tema porque leí otros artículos al respecto y me di cuenta de que mi inquietud era compartida por más gente. Lo que quiero dejar claro es que hablo de besos obligados”.

 

Cuatro motivos para enseñar a los niños a no besar a desconocidos.

En primer lugar, por una cuestión de respeto, ellos son dueños de su cuerpo y deben decidir cómo demostrar su afecto. Después, porque para ellos un beso no es una simple muestra de cortesía sino algo íntimo e importante. En tercer lugar porque “a ella no le gustaría que la obligaran a hacerlo” y, para terminar, por seguridad. Este último punto, que la periodista desarrolla explicando que ciertos experimentos han demostrado que los niños que son obligados a abrazar y besar en contra de su voluntad, son más vulnerables a sufrir abuso sexual porque no han aprendido a decir ‘no’ al contacto físico indeseado con un adulto, es el que más ampollas ha levantado. Algunos comentarios tratan esta afirmación de exagerada y defienden que enseñar a dar besos a un niño es educarle en la cortesía y los buenos modales.

Elena Domínguez, psicóloga y especialista en inteligencia emocional, coincide con la autora del artículo: “No se debe coaccionar a los niños a que den besos a extraños porque forzamos a que superen la barrera natural que mantienen con el desconocido y que les protege del peligro. Lo más normal en un niño cuando se le acerca alguien que no conoce es que llore, es una cuestión de supervivencia. Si le enseñamos que hay que dar besos, pueden pensar que papá y mamá aprueban que sean cariñosos con desconocidos”. Esto, según la experta, puede derivar en que el pequeño reciba el mensaje de que debe hacer lo que lo demás le piden, de que otros pueden ejercer control sobre su cuerpo. “Aunque los abusos en la infancia suelen estar perpetrados por personas muy próximas al menor, parece lógico pensar que si no les enseñamos a que se sientan dueños de su cuerpo, podemos hacerlos más vulnerables. Ya no solo cuando son pequeños, también en la adolescencia. Pueden llegar a pensar que deben dejarse tocar por ese chico o chica que se lo pide, para agradarles, sin saber tomar una decisión propia”, explica la psicóloga.

Para que los pequeños estén prevenidos ante este tipo de situaciones (¿cuántas veces escuchará un niño eso de “dame un besito” en sus primeros años de vida?), el consejo de la especialista es que los padres les hablen del tema y ensayen juntos cómo actuar. Hay que perder el miedo a ser tachados de maleducados. El niño debe aprender que no hay nada de malo en no ser cariñoso con personas a las que no conoce y así debe manifestarlo. Los padres, pueden normalizar la situación explicando que sus hijos solo dan muestras de cariño cuando tienen confianza. “No eres menos cortés por no dar un beso. Yo siempre le digo a mi hija que hay que saludar, sonreír, ser amable. Pero si ella no quiere besar cuando se lo piden, la respeto. Más si es a un extraño”, afirma Hanssen. Libros como Ni un besito más a la fuerza o Ni una caricia a la puerta, ambos escritos por Marion Mebes, son herramientas útiles para que los niños entiendan que no deben matener contacto físico con quien no les apetezca.

 

¿Y qué hay de los padres? ¿También deben pedir permiso para besar a sus retoños?

Hanssen confiesa en su ensayo que ella misma pregunta a su hija si puede darle un mimo cuando nota que la niña no está predispuesta. Desde el punto de vista de Domínguez, no hay que preguntar sino saber interpretar y respetar las señales que envía el niño. “Si ves que no tiene ganas, simplemente no se lo des. Nunca le digas que es malo por no ser cariñoso, por ejemplo. Y tampoco es conveniente suplicar su cariño. Los padres que ruegan mimos se colocan en una posición de sumisión frente a sus hijos, lo cual puede favorecer que los pequeños sientan que tienen autoridad frente a ellos y se conviertan en una especie de líderes”.

 

elpais

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