Irse al pasado y hacer repaso de lo que ha sido, con sus alegrías y decepciones, o irse a la promesa de un futuro, “ideal” es estar en la fantasía. La fantasía de lo que pudo haber sido y no fue o de lo que todavía puede ser, como si tuviéramos la garantía absoluta, acerca de que la vivida tal como la pensamos, (hacia detrás o hacia adelante), es mejor que la vida que tenemos por delante, que es la vida real.
Y hago la siguiente reflexión ¿Cómo va a ser mejor una imaginación de tu vida que tu vida real?, al menos lo real es real, aunque a veces no nos guste, lo que sucede en ese momento, y sin embargo no deja de ser realidad.
El asunto es que al menos con lo real, uno puede intentar hacer algo, porque es tangible, pero con algo que viene del repertorio de la imaginación y la fantasía…
Por tanto, lo más adecuado para vivir en calma, es recordar que cada día trae sus propias cuestiones, desde las más cotidianas cómo hacer la cama o tomar un café, hasta otras más sofisticadas, y que lo que hace valioso el presente, precisamente es esto, estar en la atención, de cada gesto, cada mirada, cada acontecimiento, y que si uno mira lo cotidiano con esta delicadeza, puede desmigajar y acoger lo que sucede, lo real.



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