A lo largo de la vida nos vinculamos con personas muy diversas. Sin embargo, a veces es inevitable sentir un «déjà vu» sentimental: la sensación de que, sin importar con quién estemos, tropezamos una y otra vez con la misma piedra. Cuando algo patina de forma sistemática en el amor, antes de señalar al de enfrente, toca hacer el ejercicio más valiente: mirar hacia dentro. ¿En qué no estamos terminando de afinar? ¿Qué hilos invisibles nos llevan a repetir el mismo guión? A continuación, analizamos los aspectos y dinámicas más habituales que complican nuestros vínculos y cómo empezar a transformarlos.
- Mentir, omitir, o maquillar información.
- La infidelidad, dependiendo claro está de lo que cada pareja considere al respecto, si ha habido una conversación seria del asunto, más allá de las típicas que se tienen con los amigos.
- El descalificar al otro, aunque esto sea sutil.
- La falta de escucha, o indiferencia a ciertas cuestiones que tienen que ver con el otro.
- El mirar para uno mismo sin tener en cuenta al de enfrente.
- Comunicar de una forma poco adecuada o directamente no comunicar.
Para empezar a hacer la transformación, una relación necesita de presencia y conciencia, que no basta con haber dicho si “somos pareja y ya”, el vínculo se construye cada día mediante pequeños actos de elección, y que esta elección tiene que ver con:
- Te escucho
- Te veo
- Te respeto
- Te cuido
- Soy claro/a
- Te vuelvo a elegir



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