¿Cómo identificar la violencia machista si eres adolescente?

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¿Cómo identificar la violencia machista si eres adolescente?

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Los casos de violencia machista entre las más jóvenes están aumentando, y lo más grave es que muchas adolescentes no saben identificarla. Según ANAR, la Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo, la conducta violenta en el entorno joven se está normalizando, y la tecnología tiene un papel importante, ya que en adolescentes, buena parte del control y el acoso se realiza a través del móvil y las redes sociales. Es lógico, ya que en estas edades la pareja no tiene una convivencia real, y la comunicación se establece de forma no presencial. Por eso, el tipo de violencia que se genera es psicológica, a través del móvil y las redes sociales, algo a lo que las más jóvenes tienden a quitarle importancia, no entendiendo como violencia o acoso aspectos como el control del uso del tiempo, del dinero, de la forma de vestir, de las amistades… De hecho, muchas jóvenes entienden estos elementos violentos como parte del juego de la pareja, del amor, y de la preocupación o el interés por el otro. Esto hace que las chicas no identifiquen la violencia, o tarden demasiado en pedir ayuda.

 

¿Cómo identificar la violencia siendo adolescente?

En 1979, Leonor Walker describió la violencia de género como un proceso compuesto por 3 fases: tensión, agresión y calma-remisión, y explicó cómo se produce y mantiene el maltrato.

  • Tensión: la violencia va apareciendo progresivamente, y vista desde dentro de la pareja, la curva ascendente no es evidente. De hecho, la primera agresión se suele considerar un hecho aislado, no como el comienzo del ciclo, y muchas mujeres se dan cuenta tarde de que ya están dentro del proceso. En esta primera fase de tensión, la violencia se va construyendo a partir de la suma de pequeños incidentes o conflictos, y la agresión psicológica es el tipo de violencia más presente, a través de insultos, menosprecio, humillaciones, indiferencia, sarcasmo, largos silencios, etc. Estos incidentes se van produciendo de forma aislada, y la mujer que no entiende lo que está pasando, desarrolla estrategias para intentar calmar al agresor, que cada vez se muestra más irritado sin motivo aparente. Entre estas estrategias, muchas mujeres se muestran más sumisas y cariñosas, pero la tensión sigue aumentando, y el maltratador cada vez está más violento y es menos capaz de controlar la situación, generando en la mujer confusión, miedo, angustia…
  • Agresión: los incidentes aislados cada vez son más frecuentes, hasta un punto en que estalla la violencia y aparecen los malos tratos físicos, emocionales y/o sexuales. Es la liberación de toda la tensión de la fase anterior, y la víctima, que sigue sin entender bien qué sucede y sin control sobre la situación, suele aguantar esperando que con su actitud todo se calme, aunque no suele suceder. Es el momento en que muchas mujeres denuncian o piden ayuda a cualquier profesional social, sanitario, jurídico, o bien a familiares y/o amigas. La respuesta que obtenga en estos casos condiciona su permanencia en la relación, aunque no es habitual que llegue a abandonarla del todo.
  • Calma-Remisión: es la llamada fase de reconciliación, que cierra el ciclo. La tensión y violencia desaparecen, y el agresor tiende a reforzar los lazos que le unen a la víctima, haciendo promesas de cambio y mostrando arrepentimiento. Esto genera en la víctima esperanzas de que todo cambie, y se mantiene en la relación debido a que en todo este tiempo, muchas mujeres se han sentido culpables de lo que pasaba. Incluso se suelen quitar las denuncias por las promesas de la pareja.
    Sin embargo, tras un tiempo de calma y “luna de miel”, el ciclo vuelve al principio y la tensión reaparece, reproduciéndose el clima violento y todas sus fases. Vuelven los ataques verbales y psicológicos, que terminan de nuevo en la agresión.

 

Es habitual que el ciclo se repita, y que su frecuencia y peligrosidad sea cada vez mayor. A medida que pasan los ciclos, la fase de reconciliación va desapareciendo, y el peligro para la víctima es cada vez mayor.

Si esta situación te resulta conocida, no lo dudes: pide ayuda.

 

 

Julia Rodríguez Psicología

653 93 40 50

 

 

 

 

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